
Hoy vamos a hablar de algo que parece chiquito pero que es gigante: las semillas y, específicamente, de cómo armar tu propio Banco de Semillas. En Betarraga creemos que cuando guardamos semillas, no solo estamos guardando granos en un frasco; estamos resguardando la continuidad de la vida y sosteniendo la biodiversidad en el tiempo. Entender este ciclo es fundamental: la huerta no termina en la cosecha, ahí es donde realmente empieza el futuro.
¿Qué es realmente una semilla?
Miren una semilla por un momento. Parece nada, pero acá adentro está todo: el pasado, el presente y, sobre todo, la comida de mañana. Una semilla es, técnicamente, una planta en miniatura empaquetada con su propia «vianda» (una reserva de energía) y un escudo protector. Su mayor poder es la resiliencia: esa capacidad asombrosa de esperar a que el mundo exterior sea seguro para despertar.
Al crear un Banco de Semillas en casa, estamos armando un archivo de vida. Algunas especies, como la cebolla o la lechuga, tienen una viabilidad corta (1 o 2 años), mientras que el tomate o el zapallo pueden esperar 5 o 6 años. Mientras el ambiente sea seco y fresco, la vida se mantiene apagada pero presente, esperando su momento para volver a brotar.


El superpoder de la Memoria Epigenética
¿Por qué tu semilla cosechada es mejor que una comprada? La respuesta está en la memoria epigenética. Este es uno de los conceptos más fascinantes de la naturaleza: la planta no solo pasa su ADN, sino que toma «notas» del ambiente (el sol de tu terraza, la dureza de tu agua, las sequías que superó) y le pasa esa información a su descendencia.
Cuando cosechás tus propias semillas año tras año para tu Banco de Semillas, estás creando una variedad que es «especialista» en tu propio jardín. Esa semilla nace con un «mapa» de tu clima y no gasta energía inicial en sobrevivir al estrés, sino que la usa para lo que realmente queremos: raíces profundas, hojas sanas y frutos con mucho sabor. Eso es verdadera autonomía alimentaria.
Guía técnica: Cómo cosechar para tu Banco de Semillas
Para que tu archivo sea exitoso, la técnica de cosecha es clave. No todas las plantas se entregan de la misma manera y es importante respetar sus tiempos:
- Cosecha Seca (Flores y Legumbres): Aquí la planta hace el trabajo de secado por nosotros. En flores como la Zinnia, el Girasol o el Cosmos, debemos esperar a que la flor se ponga fea, marrón y crujiente en el tallo. En las leguminosas (chauchas, arvejas), la vaina debe estar seca; si la abrís y la semilla está dura y no se marca con la uña, está lista.
- Cosecha de Hojas (La Lechuga): Esto sorprende a muchos. Para obtener semillas de lechuga, no debemos cosechar todas las hojas; dejamos que la planta se «espigue», crezca hacia arriba y florezca. Cuando aparezca un plumón blanco (como un pequeño panadero), es momento de sacudir esa inflorescencia sobre un sobre de papel.
- El caso del Glomérulo (Remolacha): La semilla de remolacha o betarraga es un «estuche multifamiliar». Lo que sembramos es un glomérulo donde viven de 2 a 4 semillas independientes. Por eso suelen nacer mellizos que luego debemos ralear para que cada raíz tenga su espacio.
La técnica del guardado: El aire es aliado, la humedad es enemiga


Aunque las semillas parezcan secas al tacto al momento de la recolección, siempre debemos dejarlas 48 horas extra sobre un papel en un lugar ventilado antes de guardarlas definitivamente. La humedad residual es el enemigo número uno de cualquier Banco de Semillas.
Utilizá siempre sobres de papel o frascos de vidrio bien rotulados con el nombre y el año de cosecha. El papel permite que la semilla «respire» en esa primera etapa de latencia. Guardar semillas es el acto de resistencia más grande que existe; es proteger la herencia de la tierra para las generaciones que vendrán.
El Banco de Semillas como backup de la vida
No hace falta que ocurra una catástrofe global para valorar nuestro banco. Los ataques cotidianos a nuestra alimentación vienen de la uniformidad: cuando solo plantamos lo que el mercado industrial dice que es «perfecto», perdemos miles de variedades rústicas, nutritivas y adaptadas.
Un Banco de Semillas es nuestra póliza de seguro ante lo inesperado. Como sucedió con las semillas de Siria rescatadas de la guerra y resguardadas en la bóveda de Noruega, tener un respaldo de biodiversidad nos asegura que la vida siga brotando. Si tenés la semilla, tenés el inicio de la cadena y nadie puede decirte qué comer. Como siempre decimos en Betarraga: lo que se comparte, sobrevive.
Para que este proceso de autonomía sea exitoso, recordá que el brote necesita un lugar justo para despertar desde el día uno. En nuestra tienda diseñamos macetas con la porosidad y el espacio ideal para que esa semilla que guardaste con tanto amor encuentre el lugar perfecto para despertar. Y si querés profundizar en cómo gestionar tu propia soberanía en la huerta, te invito a sumarte a nuestro curso online donde aprendemos a leer la naturaleza juntos.
MINI TABLA BETARRAGA: ¿Qué estamos guardando?
| Tipo de Semilla | ¿Cómo se obtiene? | Su relación con el entorno |
| Estables u Orgánicas | Selección natural a través de generaciones. | Tienen memoria local. Son las «especialistas» de tu jardín. |
| Híbridas (F1) | Cruce controlado de dos variedades. | No tienen memoria local. Si guardás su semilla, el hijo sale débil. |
| Transgénicas (OGM) | Modificación genética en laboratorio. | No aprenden del clima. No son aptas para la autonomía familiar. |



