El bienestar empieza en el suelo |cuerpo,huerta y naturaleza


El bienestar no se compra: se cultiva Una reflexión sobre el cuerpo, el suelo vivo y la conexión profunda entre naturaleza, salud y forma de vivir.
Pasamos el día buscando bienestar como si fuera algo que existiera afuera nuestro.
Algo externo. Algo que se compra, se alcanza o se persigue.



Pero el cuerpo reconoce otra cosa cuando toca el suelo.
Y no es por magia: es por memoria.
Antes de los nombres, antes de las agendas, antes de las calles y las avenidas, antes de la velocidad con la que hoy vivimos, ya éramos esto: organismos aprendiendo a convivir. Vida en relación. Cuerpos en diálogo con otros cuerpos.
Volver a sentir para poder decir
Encontrar en palabras de otros lo que siento, y que muchas veces me cuesta expresar, me acercó al mundo de la comunicación. A ese espacio donde sentir, pensar y conversar se vuelven una misma cosa.
Una realidad posible.

Estar, sentir, ser y hacer.
Todo de manera redonda.
Esa forma circular que me recuerda que nada existe aislado, que todo se alimenta entre sí. Que no hay bienestar individual sin bienestar colectivo. Que no hay cuerpo sano en un territorio enfermo.
Una espera en movimiento

Es casi el propósito desde el que elijo moverme: una espera en movimiento que, sin apurar, me transforma.
Una forma de estar en el mundo que me enseña que la naturaleza y yo no podemos separarno
Que el bienestar de otras personas y el de la tierra determina también el mío.
Desde ahí, sin miedo, empiezo a valorar la vida que no tiene forma humana.
La que existe debajo mío, caminando este suelo.
La que existe tomando esta agua y respirando este aire desde mucho antes que nosotros.
La vida que no vemos, pero sostiene todo
Me decido a respetar y admirar su existencia.
Su inmenso poder de transformación para seguir viviendo.

Me animo a pensar que muchos de ellos respiran sin pulmones, escuchan sin oídos, comen sin estómago, ven sin ojos y, aun así, sienten y toman decisiones.
Vida inteligente, aunque no se parezca a la nuestra.Y desde ese entendimiento, empiezo a soltar la idea de que todo debe ser podado, fumigado y controlado.
Empiezo a confiar más.
A intervenir menos.
A observar mejor.
El verdadero lujo
Me animo a hablar del lujo de pisar el suelo,de oler la tierra.

Del lujo de cosechar para decidir qué queremos comer.
Del placer de ver flores llenas de polinizadores.
Del privilegio de ser parte de esta increíble película viva que sucede todos los días, aunque no siempre la miremos.
Una película que nos invita a algo simple y profundo:
darnos cuenta de que nosotros también somos naturaleza.
Si queremos bienestar en nuestras vidas, tenemos que aprender a cuidarla.
No como algo externo.
Sino como lo que somos.



