
Julio nos invita a observar. En el invierno, el verdadero movimiento no pasa arriba del suelo, sino debajo de nuestros pies. La naturaleza nos recuerda que no todo crecimiento es visible y que, incluso en los momentos de aparente quietud, la vida sigue transformándose. Este cierre de mes es una invitación a volver sobre esas enseñanzas.
En la naturaleza nada se pierde, todo es un ciclo en continua transformación. Para nutrir un suelo vivo, solamente tenemos que tratar de corrernos del centro y permitir que la vida, la naturaleza haga su trabajo.

El suelo vivo y el compost: el tiempo de descomponer y acompañar
La hojarasca no es basura, es una manta que nutre el suelo
Las hojas secas que caen durante el otoño y el invierno no son suciedad que debemos barrer o basura para tirar. La hojarasca es el recurso orgánico más valioso que nos da la estación de otoño y la estación de invierno. Todo este material tiene lignina y celulosa, fundamentales para alimentar a los hongos saprófitos (que son el equivalente a los «recicladores» o «equipo de limpieza» de la naturaleza) que forman ácidos húmicos y mejoran la estructura física del suelo vivo.

Podemos aprovechar la hojarasca de tres formas estratégicas:
- Cobertura o mulch directo: Aplicar una capa de 5 a 10 cm sobre los bancales para aislar las raíces de las heladas y evitar que la lluvia rompa la estructura de la tierra, o que el viento degrade.
- El «ingrediente marrón» para la compostera: Acopiar bolsas de hojas secas nos da el carbono necesario para equilibrar los restos húmedos de la cocina durante todo el año. Sería el material seco.
- Protección de microinvertebrados: Funciona como refugio para la fauna benéfica que va a controlar las plagas en la primavera.
Nota de cuidado: Para evitar capas impermeables o poco aireadas, es ideal triturar las hojas grandes manualmente o pisarlas suavemente antes de ponerlas en el bancal.


La macrofauna del compost: aprender a ver belleza en la oscuridad
Es común asutarse cuando abrimos la compostera y encontramos pequeños escarabajos marrones. Sin embargo, se trata de coleópteros descomponedores (familias Staphylinidae o Nitidulidae), organismos que son un indicador directo de la salud del suelo vivo.
Su función principal es triturar la materia seca más dura (madera, celulosa, hojas) para que después las bacterias, hongos y lombrices puedan procesarla. No son una plaga, no invaden la casa ni comen plantas vivas. Si el compost huele a tierra de monte, el sistema está en perfecto equilibrio
El ciclo de la planta: del confinamiento radicular a la soberanía
Pak choi en flor: transformar la sorpresa en el banco de semillas
Si dejaste un pak choi durante mucho tiempo en una maceta chiquita (como me paso a mí) y en pleno julio sacó una vara floral, no te preocupes: esto que podríamos ver como un error, nos habla de un ciclo.


Este fenómeno se conoce botánicamente como espigado prematuro. La combinación del espacio chico para el desarrollo de sus raíces, sumado al frío acumulado del invierno (vernalización), le dice a la planta que tiene que priorizar su supervivencia. En lugar de seguir desarrollando hojas, enfoca su energía en florecer para dejar descendencia.
En lugar pensar que perdimos esta hortaliza de hoja, esta situación nos regala dos oportunidades:
- Alimento para polinizadores: Sus flores amarillas alimentan a los insectos en un momento de escasez.
- Soberanía alimentaria: Al dejar que las flores formen vainas y se sequen en la planta, podemos coser las semillas con memoria epigenética, adaptadas específicamente a nuestro clima, agua y suelo vivo.


Refugio e interaccion: El Cedrón del Monte, la mantis y la vida latente
La biodiversidad no se planifica únicamente desde lo que sembramos para comer, sino desde las interacciones que permitimos que pasen.
En arbustos nativos leñosos como el Cedrón del Monte (Aloysia gratissima), es habitual encontrar en esta época la ooteca de la mantis religiosa. Esta estructura proteica espumosa se endurece en contacto con el aire y actúa como una cápsula térmica perfecta que resguarda entre 100 y 400 embriones durante las heladas. Mantener estas especies autóctonas en el perímetro de la huerta nos asegura contar con depredadores naturales para cuando llegue la primavera.

Estar ahí, ser ahí: la observación como calma
Siento que cuando observo me calmo; solo tengo que estar ahí, ser ahí. Meterme en ese «entre» que ya es y dejarlo para que siga siendo, dándome la oportunidad de volver a ser todo el tiempo. En ese espacio intermedio no hay urgencia ni necesidad de control; hay un ritmo constante que nos sostiene.

La huerta nos enseña que no necesitamos intervenir constantemente. A veces, la decisión más ecológica es no barrer la hoja, no podar el arbusto y permitir que el suelo complete sus procesos.
Paula Colombini
Huertera, paisajista y fundadora de Betarraga.
Lo que se comparte, sobrevive.


