La naturaleza no compite por tu atención - - Notas

La naturaleza no compite por tu atención

Qué pasa con nuestra atención en un mundo hiperestimulado y por qué la naturaleza puede ayudarnos a recuperarla.

Paula Moriñigo. Lic. en Psicología. Equipo Betarraga

Vivimos reaccionando todo el tiempo

Vivimos rodeados de estímulos.

Pantallas. Notificaciones. Audios. Mensajes. Ventanas abiertas. Información que aparece antes de que terminemos de procesar la anterior.

Nos acostumbramos tanto a ese ritmo que muchas veces dejamos de registrar el nivel de cansancio que produce.

Y no se trata solo de estar ocupados. Se trata de cómo funciona nuestra atención cuando nunca descansa.

Hoy sabemos que nuestra capacidad de concentración está cambiando. Y que gran parte de ese cambio tiene relación con la forma en que usamos la tecnología en la vida cotidiana.

Lo que dice la ciencia

La Dra. Gloria Mark, especialista en atención y tecnología de la Universidad de California, viene estudiando este fenómeno desde hace más de veinte años. Sus investigaciones muestran algo impactante:

en 2004 las personas permanecían concentradas en una misma pantalla durante aproximadamente dos minutos y medio.

Hoy, el promedio ronda los 47 segundos.

Y cada vez que interrumpimos una tarea, el cerebro necesita tiempo para volver a enfocarse. Según Mark, después de una interrupción pueden pasar alrededor de 25 minutos hasta recuperar completamente la atención sobre lo que estábamos haciendo.

No es extraño entonces que muchas personas terminen el día agotadas incluso sin haber realizado un esfuerzo físico importante.

Hay una fatiga silenciosa que a veces viene de sostener demasiados estímulos al mismo tiempo.

Y en medio de esa lógica aparece algo interesante: la naturaleza funciona de otra manera.

La naturaleza no compite por tu atención - - Notas

Un árbol no nos pide reaccionar.
Una planta no interrumpe.
La huerta no busca captar nuestra atención de forma urgente.

La naturaleza no compite por nosotros.

Y quizás por eso produce algo que muchas personas sienten incluso antes de entenderlo: calma.

Distintas investigaciones muestran que el contacto con espacios verdes y las actividades vinculadas a la jardinería pueden reducir síntomas de estrés, ansiedad y agotamiento mental, además de mejorar el estado de ánimo y la sensación de bienestar.

En un estudio realizado en Países Bajos, investigadores compararon dos grupos de personas luego de atravesar una situación estresante. Un grupo realizó 30 minutos de jardinería y el otro dedicó ese tiempo a leer en interiores. Ambos grupos lograron disminuir el estrés, pero quienes hicieron jardinería mostraron una recuperación emocional más rápida y niveles más bajos de cortisol (que suele elevarse en situaciones de estrés). 

Pero quizás lo más importante no sea solamente el efecto biológico.

La calidad de la atención cambia la experiencia del mundo

El psiquiatra, filósofo y neurocientífico británico Ian McGilchrist plantea una idea interesante:  “La calidad de la atención que le prestamos al mundo cambia la naturaleza del mundo al que le prestamos atención”.

Y quizás ahí haya una de las claves más profundas del vínculo entre naturaleza y bienestar.

Porque no solo importa cuánto hacemos durante el día. También importa desde qué tipo de atención habitamos el mundo.

Desde la neurociencia, la atención puede entenderse como el mecanismo mediante el cual nuestro sistema nervioso selecciona y amplifica cierta información mientras deja otra en segundo plano.

Es decir: la atención no solo registra la realidad.  También organiza la forma en que la experimentamos.

Y en un entorno donde gran parte de nuestra atención está constantemente fragmentada entre estímulos, notificaciones y demandas urgentes, la naturaleza propone otra experiencia posible.

Una atención más lenta.
Más presente.
Más sensible.

La naturaleza modifica el tipo de atención que usamos.

No exige respuestas rápidas.
No trabaja con inmediatez.
No premia la hiperproductividad.

Nos invita a observar.

Y observar hoy es casi un acto de resistencia.

Una atención más lenta y más presente 

Mirar cómo cambia una hoja.
Detectar cuándo una planta necesita agua.
Esperar el crecimiento de algo vivo.

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Son experiencias pequeñas pero tienen algo profundamente regulador:
nos sacan, aunque sea por un momento, de la lógica de la reacción permanente.

Muchas veces subestimamos estas experiencias porque parecen pequeñas.

Observar una planta. Regar. Caminar un rato. Estar afuera sin hacer nada “productivo” puede parecer una “pérdida de tiempo” en una cultura que valora la velocidad, la multitarea y la hiperconexión.


Pero quizás el problema es que aprendimos a considerar valioso únicamente aquello que produce resultados inmediatos. Y el bienestar rara vez funciona así.

Descansar la atención, bajar el nivel de estímulo, mover el cuerpo, conectar con algo vivo que no sea otro ser humano, tener momentos de presencia…

Nada de eso suele sentirse urgente. Pero muchas veces es exactamente lo que sostiene nuestra salud mental a largo plazo.

No hace falta esperar al agotamiento

Y acá hay algo importante: no se trata de esperar a estar agotados para buscar conexión con la naturaleza. Así como hoy entendemos que mover el cuerpo, descansar bien o alimentarnos mejor forman parte del cuidado cotidiano, el vínculo con la naturaleza también puede pensarse como una práctica de bienestar antes del colapso.

Quizás no podamos cambiar de un día para el otro la velocidad del mundo.

Pero sí podemos empezar a registrar qué espacios nos devuelven presencia.

¿Qué experiencias hacen que tu atención deje de sentirse tironeada todo el tiempo?
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin mirar una pantalla mientras lo hacías?

Algunas ideas simples para comenzar

No hace falta hacer grandes cambios.

A veces alcanza con recuperar pequeños momentos de conexión.

Podés probar:
– salir unos minutos al sol sin llevar el teléfono en la mano,
– observar una planta durante un rato (su color, la textura de sus hojas, etc.) sin hacer otra cosa al mismo tiempo (repetir esta práctica durante una semana y registrar si se produjeron cambios),
– caminar prestando atención a los sonidos, la luz o el viento,
– o simplemente abrir una ventana y detenerte unos minutos a mirar afuera.

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La naturaleza no siempre nos pide tiempo extra. A veces solo nos pide volver a estar presentes.

Investigaciones y materiales consultados
  • Van den Berg, A. E. & Custers, M. H. G. (2011). Gardening promotes neuroendocrine and affective restoration from stress. Journal of Health Psychology, 16(1), 3–11.
  • Gloria Mark, PhD. ¿Por qué se está reduciendo nuestra capacidad de atención? Speaking of Psychology, American Psychological Association (APA).https://www.apa.org/news/podcasts/speaking-of-psychology/attention-spans
  • Newport, Cal. Hay una buena razón por la que no puedes concentrarte. The New York Times, 27 de marzo de 2026.

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